En la Navidad de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, la música y el fútbol lograron hermanar por algunas horas a bandos enemigos; las trincheras dejaron de ser un lugar de muerte y disputa para convertirse en los límites de un campo de fútbol donde el balón, esférico como el mundo, rodó para borrar, aunque sea por unas horas, lo que las fronteras — esas líneas imaginarias y a veces absurdas que dividen territorios — no han podido. Ser sede de un Mundial de Fútbol es abrir las puertas a personas de todo el mundo para que, por unos días, disfruten de todo lo que un país puede ofrecer: desde sus tradiciones hasta su forma de festejar. En este programa celebramos la hospitalidad de los países que han sido sede de la Copa del Mundo y, a través de su música, abrazamos a quienes estén dispuestos a unirse en este viaje de nostalgias sonoras para recordar que no es solo fútbol, sino todo lo que alrededor de él se puede compartir, y que el mundo siempre ha sonado
Javier Hernández Tagle
domingo, 13:00 a 14:30 hrs.
Entrada libre
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